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viernes, 30 de septiembre de 2011

Lorenzo Meyer, absuelto

Miguel Ángel Granados Chapa

Lorenzo Meyer es una de las figuras más completas y respetadas de la esfera pública mexicana. Ha hecho una carrera académica digna de reconocimiento dondequiera, por el rigor de su investigación y la penetración de sus análisis. Hace poco más de 20 años resolvió emplear semejantes instrumentos, así como una escritura accesible, a la práctica del periodismo. Como lo saben bien los lectores del Grupo Reforma, su columna de los jueves aborda los más relevantes temas de la actualidad y los examina, sin pedantería ninguna, desde el ángulo de las ciencias sociales. Pero eso no obsta para que asuma una posición propia, nunca neutra. Como ciudadano, es pública su identificación con las propuestas de Andrés Manuel López Obrador, a la que tiene pleno derecho.

El doctor Meyer (que obtuvo ese grado, así como la licenciatura en El Colegio de México, y un posgrado en ciencia política en la Universidad de Chicago) salió avante hace un mes de un litigio civil por daño moral, a que lo arrastraron Carlos Marín, director del diario Milenio, y esa publicación. El juez trigésimo primero de lo civil en el Distrito Federal sentenció que "las pruebas no permiten declarar procedente la acción", por lo que absolvió "a los demandados de todas las prestaciones". El juzgador habla en plural porque junto con el académico y periodista la acción civil pretendió alcanzar a la emisora MVS, donde se transmitió el episodio que, sin mencionarlo siquiera, irritó a Marín y lo hizo demandar a Meyer después de un ridículo afán de exhibirlo obligándolo a disculparse públicamente para no ser llevado a los tribunales.

El 21 de junio del año pasado, cercana ya la jornada electoral en Oaxaca, Carmen Aristegui difundió una grabación en que el gobernador Ulises Ruiz formulaba un reprimenda a Raúl Castellanos, su antiguo jefe de prensa, comisionado a la sazón con el candidato priista Eviel Pérez Magaña. Colérico, Ruiz se extrañaba de que en Milenio se hubiera hecho una entrevista a Gabino Cué, lo que en apariencia contravenía acuerdos entre el gobierno oaxaqueño o su partido y ese diario y su extensión televisiva.

Como todos los lunes, acompañaban a la periodista tres de los intelectuales que con mayor información y conocimiento examinan el entorno: Denise Dresser, Sergio Aguayo y el propio Meyer. Al concluir la grabación, los participantes en la mesa comentaron lo escuchado. Meyer se limitó a decir que en revelaciones de esa naturaleza, que mostraban la relación del poder y alguna prensa: "salen nombres de periódicos, de órganos periodísticos".

Marín ni siquiera fue aludido. Sí lo fue el órgano periodístico de la familia González de Monterrey, pero sólo aludido, es decir no mencionado por su nombre. La bravata de Marín, el pedir que Meyer se pusiera de rodillas para pedirle perdón, se convirtió efectivamente en demanda judicial cuando el politólogo, historiador, internacionalista y periodista rehusó de manera expresa disculparse ante el presunto agraviado.

Meyer contó con la eficaz defensa de la doctora Perla Gómez, experta no sólo en la legalidad que rige ese género de conflictos, sino también una especialista en encontrar el perfil acosador de demandas como ésta y otras que ha atendido. Ha de decirse también que, siendo una relevante académica en varios temas, entre ellos el derecho a la información, la doctora Gómez es también una hábil postulante, capaz de conducirse con éxito en los vericuetos de los juzgados. El hecho es que, como queda dicho arriba, el 29 de agosto pasado concluyó el caso con una sentencia absolutoria. La emisora MVS fue exonerada, y es de gran importancia señalarlo, porque de haber procedido en sentido contrario, habría incurrido en censura a sus colaboradores, que tienen derecho a su propia opinión.

Es posible que los demandantes apelen la sentencia que les fue adversa y el juicio continúe en segunda instancia. Pero por lo pronto, un mes más tarde parecen haberse allanado con la resolución judicial. Sería deseable que así permaneciera, aunque el ardor con que Marín adoptó la defensa de su honor impide considerar este margen.

Desde que el presidente Miguel de la Madrid hizo reformar el código civil, en 1982, al comienzo de su mandato, para incluir el daño moral como atentado a la reputación y el buen nombre de las personas, han menudeado las demandas por ese concepto. Las más de la veces nacieron de la mala fe, del afán de meter en honduras judiciales a quienes, como los periodistas afectados, debieran dedicar su tiempo, sus recursos y su energía al cuidadoso ejercicio de su profesión y no a encontrar la manera de eludir añagazas. No faltó el ánimo mercenario, cuyo propósito era obtener de jueces venales indemnizaciones cuyo monto no guarda relación alguna con la honra que se pretender hacer brillar.

Por fortuna, en mayo de 2006 la Asamblea Legislativa emitió una ley supletoria de la barbaridad contenida en el código civil. Su extensa denominación ilumina las zonas de la vida ciudadana a que se refiere: es la ley de responsabilidad civil para la protección del derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen. Se enumeran así bienes jurídicos que forman parte de la personalidad, es decir del patrimonio espiritual de cada quien, aun el susceptible de ser tasado pecuniariamente pero sin dar lugar a los abusos. Las inercias y los intereses de una porción de la judicatura capitalina han impedido aplicar la nueva ley a cabalidad, en provecho de pícaros que han hecho durar juicios hasta por siete años.



CAJÓN DE SASTRE

El Movimiento Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad recibió dos sorpresas desagradables, que entorpecen su diálogo con el gobierno federal, y particularmente con el Ejecutivo y la Secretaría de Gobernación. En contraste con sus avances frente a los otros poderes -acaba de encontrarse con los plenos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Consejo de la Judicatura, con lo que se completa la interlocución de ese movimiento con las instituciones, persuadidas de que tienen que dialogar con esa vasta movilización social- Gobernación ha segado sus encuentros. Ahora no sólo cambió la fecha que de tiempo atrás se había establecido, sino el ministerio de Bucareli pretende mezclar su interlocución con la presencia de otros organismos civiles. El movimiento de Javier Sicilia no ha de pretender exclusividad, pero sí firmeza en los compromisos.

Reforma
30/09/2011

domingo, 11 de julio de 2010

La disputa por el botín

TODOS VAN SOBRE LO MISMO

En un análisis de las recientes elecciones, el historiador Lorenzo Meyer abre con implacable bisturí la realidad política mexicana: la elite no está dispuesta a permitir que las ‘clases bajas’ tomen decisiones para cambiar el estado de cosas en el país, lo que ha bloqueado la verdadera transición democrática. No importan los partidos, cualesquiera que sean sus siglas, en alianzas o solitos. La alternancia entre ellos es irrelevante

Domingo, 11 de Julio de 2010


MÉXICO, DF.- Para el historiador Lorenzo Meyer, las elecciones de 2010 constituyeron "un ritual sin contenido", no existieron los ciudadanos ni las propuestas distintas, y "la atmósfera fue de una lucha entre los poquitos que se disputaban la bolsa de recursos electorales".

Irónico, asesta: "Si esta es nuestra normalidad democrática, pobre normalidad, porque es una normalidad gris, sin entusiasmo".

Este fenómeno es producto de nuestra historia, de la naturaleza de las elites políticas en México y de la confusión entre alternancia y transición a la democracia, resume el catedrático de El Colegio de México. Enseguida explica:

"Es la naturaleza de la sociedad colonial. México fue el resultado de una colonización de explotación y no de una colonización de poblamiento, como fue el caso de Estados Unidos. Para explotar una colonia como la Nueva España, los poquitos debían ser capaces de tener el mando y todos los demás debían obedecer.

"Ni la Independencia ni la Revolución cambiaron eso. Lo que vivimos ahora son los ecos de la fundación original del país. ¿Por qué fue más conflictiva la elección de 2006 y no la de 2000? Porque en la elección de 2000 la elite del poder decidió que la alternancia no era ninguna amenaza para el statu quo (...) pero en 2006 se abre la posibilidad de que la elección sea más de contenidos que de formas. Se ofreció la identificación entre el candidato presidencial y las clases más bajas".

Meyer advierte que ni el proyecto de López Obrador ni el de la coalición que lo postuló para la Presidencia de la República eran radicales ni planteaban una revolución, pero "la elite del poder no quiso. Y ya se vio desde la Independencia, cuando Hidalgo quiso introducir a los pobres en los procesos políticos, esto es algo peligroso. Y la Revolución Mexicana introdujo a las clases peligrosas. No hay que hacer eso. Pero se supone que estábamos en el siglo XXI, que habíamos cruzado el Rubicón democrático".

Con estos antecedentes, el investigador señala que los comicios de 2010 fueron "como retornar a 2000, pero ya se perdió la virginidad, ya se sabe a lo que conduce una alternancia vacía, ya no entusiasma a nadie".

DISCURSO VACÍO

–La alternancia por la alternancia nos hizo creer desde 2000 que eso garantizaba la transición. ¿No sucedió lo mismo ahora? –se le cuestiona.

–Eso nos confundió a muchos. Me incluyo sin ninguna excusa porque me pareció lógico que la primera etapa fuera para no darle miedo a las elites y pensábamos que Fox tenía cierto compromiso democrático. No lo veía ni lo creía tan vacío.

–Bueno, durante la campaña de 2006, ese panismo impulsó la frase del "peligro para México"…

–Eso del peligro es un discurso vergonzoso y revelador en extremo porque alguien que es un peligro para un país tiene que ser eliminado. Es casi equiparable con el narco. Esa brutal definición de la campaña fue una demostración de que quedaba cero compromiso democrático, cero tolerancia en el PAN.

–¿Por qué los candidatos opositores de ahora están diciendo que es necesario el borrón y cuenta nueva?

–Se entiende que lo digan, pero qué estupidez querer quitar la historia. Es como querer borrar la memoria del pasado inmediato. Se entiende que lo digan, pero es un discurso vacío.

–¿Hay una asimilación del fracaso de lo sucedido en 2000? Los candidatos opositores no están ofreciendo nada.

–Es interesante este fenómeno. Un país con los problemas de fondo que tiene México, que su liderazgo político diga: "yo sólo quiero ver la superficie, no me obliguen a escarbar un poco, vamos a no complicarnos", es tremendo. Alguien que niega la realidad, tarde que temprano se topa con ella o se vuelve loco.

"Abdicar de la responsabilidad es un camino hacia el fracaso. Un país que no enfrenta sus múltiples problemas (corrupción, fracaso educativo fantástico, injusticia rampante, pobreza) sólo administra el fracaso. Están administrando el fracaso".

–¿Qué pasa con los partidos?

–Son partidos de cuadros, alejados de la sociedad , que encontraron su marco, que es el IFE y las reformas electorales, y ahora están blindados frente a la sociedad. Las encuestas pueden colocarlos en el último lugar de la opinión social, pero ellos ya lo saben, dicen: desquítense, elijan lo peor de nosotros, pero los privilegios no los vamos a perder.

Para Meyer, este es el "gran punto de acuerdo" entre las oligarquías de todos los partidos: "Son los pocos que lograron monopolizar la representación", "es el grupo de los pocos que cerró el círculo de hierro que los separa de los millones de mexicanos".

SIN REPRESENTATIVIDAD

Ante estas circunstancias, la alianza entre el PAN y el PRD se estableció desde que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le entregó a Jesús Ortega el control de su partido.

–¿No es paradójico que el liderazgo social más amplio que existe, como el de López Obrador, no cuente ahora con partido?

–Es certísimo. El único movimiento social ya masivo (dicen tener 2 millones y medio de afiliados) no tiene partido. Esas oligarquías partidistas tienen la legalidad, pero no la representatividad. Y a López Obrador sólo le queda el tenue punto de apoyo del PT y de Convergencia.

–¿Y qué representa el PRI?

–El PRI son los gobernadores. En algunos estados fracasaron, como en Oaxaca, Puebla y Sinaloa. El PRI desde su origen necesitó una figura fuerte que lo cohesionara, como fue Plutarco Elías Calles, quien no tenía ninguna representatividad institucional pero era el jefe; después (el partido) da el salto hacia la figura presidencial, desde Lázaro Cárdenas, y ahora vuelve a sus orígenes con Salinas, que es como una especie de Plutarco Elías Calles del siglo XXI.

"El PRI se acostumbró a tener un jefe y se fragmentó en varios señores feudales después de la derrota de 2000. Pero esos virreyes necesitan tener un emperador porque, si no, se pueden matar. Para su propia salvación necesitan un emperador, pero ese emperador de ahora no tiene ninguna institucionalidad.

"Lo paradójico es que el poder de Salinas es un reflejo de la debilidad del PRI. Si cambiaran las cosas, Salinas saldría sobrando. Hay que reconocer que Salinas, en esta transición que no cuajó, supo encontrar su lugar."

–Pero el PRI sigue triunfando en los estados…

–Eso no refleja el triunfo del PRI, sino el fracaso del PAN como gobierno.

–¿Qué le queda al gobierno de Calderón de su origen como gobierno panista, de sus ideólogos?

–Calderón quemó lo último que quedaba de la herencia panista. Este PAN en el gobierno no tiene nada que ver con el que fundó Gómez Morín. Es un gobierno que se quedó sin energía, está a merced de lo que establezca Estados Unidos a través de la Iniciativa Mérida.

Ante este panorama, Meyer advierte que la demanda maderista de "sufragio efectivo" sigue siendo válida, a cien años de distancia:

"Para recuperar la efectividad del sufragio, se hace una revolución social en México. ¡Cuánta resistencia habrá en las elites políticas, que a pesar de la Revolución el sufragio sigue siendo inefectivo! El voto es muy difícil de respetarlo. ¿Por qué?".

LA RESISTENCIA AL CAMBIO

En su interpretación de los resultados de los comicios recientes, Calderón afirmó que fue un voto por la paz, en contra de la violencia. Por eso se le pregunta al doctor Meyer ¿cuánto influyó el contexto de inseguridad en el proceso electoral?.

–Hay que analizar de dónde viene esa violencia. Es un fenómeno muy complejo, como en Tamaulipas, donde asesinaron al primer candidato del PRI a la gubernatura.

"Hubo una economía política del narco de los años cuarenta hasta los ochenta con el asesinato de Enrique Camarena. Durante toda esta etapa hubo un Estado fuerte, centralizado, que pudo controlar al narco como no pudo hacerlo Colombia porque no tenía este tipo de Estado. Pero con el desmoronamiento de las antiguas formas priístas, el aumento del mercado, la proliferación de los corredores hacia Estados Unidos, hizo que surgiera una violencia que amenaza al Estado.

"En Tamaulipas tenemos un episodio histórico, que recuerda el asesinato del gobernador de Sinaloa, Loaiza, asesinado en 1944, en Mazatlán, porque los que cultivaban la amapola, el opio, consideraban que los traicionó. Entonces, da la impresión que retornamos al origen.

"Esa economía política del narco no se introducía en las elecciones, como ahora, donde está presente en todos los municipios, como sucedió en Tamaulipas".

–¿Cuándo empiezan las elecciones competidas en el país?

–A finales de la Colonia, en 1813 o 1814, las Cortes de Cádiz deciden abrir la posibilidad de que en la Ciudad de México todos voten. Son elecciones competidas porque no hay la seguridad de quién vaya a ganar, hay un alto nivel de incertidumbre y entran todos a participar, hasta los indios, que acuden a las iglesias.

"En las boletas, las letras se parecen mucho. Hay historiadores que dicen, como Virginia Guedea, que alguien pudo inducir o decir por quién votar. En esa época hubo una fiesta cívica. Los resultados fueron tan adversos al gobierno, que no se volvió a convocar a elecciones. Fue nuestra entrada y salida de las elecciones competidas. Ahí se perdió la virginidad.

"Vienen todas las elecciones del siglo XIX, donde no hubo ciudadanos que participaran. Hay crónicas que dicen: yo nunca vi entrar a nadie a las mesas de votación. Estas mesas se arreglaban de antemano. Había votaciones, incluso, a mano alzada".

–¿Por eso la fuerza de la demanda de sufragio efectivo, lanzada por Madero?

–Es una demanda tan sencilla y a la vez tan importante, la de Madero, porque existía sufragio, pero no era efectivo. El sufragio se gana desde finales de la época colonial, pero lo efectivo no. En este país se hace una revolución por eso.

"Es irónico. La revolución bolchevique se hace porque hay que acabar el capitalismo, formar una sociedad socialista. Aquí se hace por una cosa muy menor. Sin embargo, cuánta resistencia habrá en este país a las elecciones, que se hace la Revolución y el sufragio sigue sin ser efectivo. Se destruye el antiguo Estado y, cuando se vuelve a construir, otra vez se presenta esta resistencia".

–¿Es un síndrome histórico? ¿Por qué se da esta constante?

–Nunca se reniega en México del voto como fuente original de legitimidad. No se niega eso, pero se niega la esencia del voto: que sea libre, en condiciones de equidad, de competencia.

"Es una hipótesis la mía: es la naturaleza de la sociedad colonial la que explica este fenómeno. México, como la capitanía general de Guatemala o el Virreinato del Perú, fueron colonizaciones de explotación, que contrastan mucho con la estadunidense, que fue colonización de poblamiento.

"Vinieron muy pocos españoles. Aquí la gran riqueza que había era el exceso de mano de obra nativa. En la Colonia hay dos tipos de seres humanos: los poquitos, que tienen el derecho a mandar, los capaces de entender las complejidades de la vida política, y el resto, que son siervos. Y la Independencia no cambia mucho el modelo original".

–¿La Revolución Mexicana incorpora a esas clases bajas?

–Abre una puerta, pero no incorpora hasta el fondo. Estamos en el siglo XXI y todavía vivimos esos ecos de nuestra fundación original. El sufragio sigue sin ser efectivo. (APRO)

Peligro, pobres votando

Meyer se explaya en las consecuencias de la elección de 2000, que marca el fin del régimen priísta, y las elecciones de 2006, que reviven el miedo de las elites a incorporar en las decisiones políticas a los sectores más amplios:

"La gran insurgencia electoral de 2000, que tiene ecos de la insurgencia electoral de 1988, es posible porque la alternativa llamativa, Vicente Fox, no era una amenaza para nada del statu quo. Fue gatopardismo completo: vamos a movernos para quedarnos en el mismo sitio, pero con una ventaja, que ya no será el PRI que está tan desgastado, es alguien nuevo, con un partido (el PAN) que tiene una historia democrática. Vamos a hacer que el statu quo se revitalice, sin cambio, por puras percepciones.

"El 2000 salió a pedir de boca. Todo ese lastre que fue el robo electoral de 1988, se limpia. Parece que las manchas del pasado son lavadas. En 2006 se abre la posibilidad de que la elección sea algo más que forma. No había nada radical en las propuestas de López Obrador. Ofrecía un cambio moderado, sobre todo, una identificación del candidato presidencial con las clases bajas por su condición de tales.

"Esta elite del poder fue tan temerosa, tan mezquina, tan poquita cosa, que se espantó. Fue muy racista. El día que ganó Calderón, un periódico registró lo que dijo una señora en la sede nacional del PAN: ‘Se acabó el primero los huevotes’. Ese es un resabio colonial. Es decir, los pobres son pobres por su propia culpa."

Por Jenaro Villamil