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martes, 13 de abril de 2010

Narcos se apoderan de dos pueblos en Tamaulipas

La redacción

MEXICO, D.F., 12 de abril (apro).- Habitantes de Camargo, Tamaulipas, confirmaron que esta población fue escenario de un cruento enfrentamiento entre zetas y miembros del Cártel del Golfo, que dejó decenas de casas y negocios quemados. Por medio de coreos electrónicos, pobladores afirmaron que esos grupos delictivos saquearon además algunas casas y que se han apoderado y ocupado otras, expulsando de ellas a sus propietarios.
Entre los edificios incendiados se menciona la casa y la Notaría Pública de José Correa, alcalde de ese municipio, quien no ha aparecido públicamente. Además, el Hospital Corpus Christi; el consultorio de un doctor; la florería “Chachis”, los hoteles Zurita y San Juan; un restaurante y una estética.
Entre las casas quemadas, dijo uno de los entrevistados, estaría la de la mujer que puso en Youtube el vídeo de una balacera ocurrida el pasado 27 de febrero, precisamente en Camargo, que fue ampliamente difundida en los medios de comunicación nacionales.
En este vídeo se podían observar al menos una docena de vehículos que fueron abandonados en la carretera a Comales, después de un tiroteo entre grupos antagónicos.
“Estamos viviendo una situación terrible. Tenemos mucho miedo: Nadie quiere salir a las calles porque no sabemos que pueda ocurrir”, dijo un habitante de esa ciudad. “Nadie vino en nuestra ayuda. La pasamos sin dormir y tirados en el suelo por miedo a que nos alcanzara una bala perdida”.
Aunque las denuncias por internet de lo que estaba ocurriendo se difundieron desde esta madrugada, la página de Información Oportuna del Gobierno de Tamaulipas reportó todo el día que el municipio de Camargo se mantenía “sin novedad”.
De acuerdo con los pobladores de Camargo, camionetas del Cártel del Golfo ingresaron durante la madrugada a esta localidad y se enfrentaron durante más de dos horas contra Los Zetas.
“En la mañana supimos que habían quemado muchas casas y negocios, muchos de ellos porque el fuego se extendió, ya que no había bomberos que fueran a combatir el fuego”, relató uno de los entrevistados. “Si no se incendió todo el pueblo realmente fue porque llegó algo de lluvia en ese momento”.
Aunque los llamados de auxilio por internet fueron constantes y se hicieron denuncias a las secretarias de la Defensa y Marina sobre lo que estaba ocurriendo, fue hasta esta mañana cuando llegaron elementos de la milicia a esta población. “Ya cuando todo había ocurrido llegaron los soldados”, expuso uno de los informantes, quien agregó que durante el día fueron cortados en dos ocasiones los servicios de agua y energía eléctrica.
Los habitantes consultados mencionaron que la población de Comales, ubicada a 15 kilómetros de esta población, seguía sin comunicación hasta esta tarde.
“Tienen tráilers y camiones atravesados a las entradas y salidas de Comales, por lo que nadie puede salir de ahí sin que ellos lo autoricen”, explicó uno de los entrevistados, que aseguró que una situación similar viven otras poblaciones rurales de esa zona.
“Lo que nos han dicho es que nadie sale de sus casas. Entonces, se les está acabando lo que tenían en la despensa, y como ellos tienen el control del servicio de gas, la gente que se les acabó en estos días, temen ir a surtirse. Igual ocurre con la gasolina. Es una situación muy tensa”, expuso.
En tanto, un usuario colocó en Youtube una serie de fotografías de las propiedades que fueron incendiadas esta madrugada en Camargo, durante un enfrentamiento armado entre integrantes del Cártel del Golfo y el grupo armado Los Zetas.
Y aunque en la página de Servicio de Información Oportuna del Gobierno de Tamaulipas se reportó hasta esta noche que ese municipio de Tamaulipas se reporta “sin novedad”, en la dirección http://www.youtube.com/watch?v=Yz2wBF-0oSU se pueden observar “algunas” de las casas y negocios a los que les prendieron fuego.
Persecución contra sicarios en Ciudad Victoria
Una persecución de elementos del Ejército contra presuntos sicarios se extendió por las céntricas calles Carrera Torres hasta el Ocho Coahuila, de Ciudad Victoria, lo que provocó dos accidentes automovilísticos.
En la 13 Carrera, un vehículo del Ejército chocó con una camioneta ajena a los hechos cuando participaba en la persecución de una camioneta blanca Denali GMC.
En la calle 8 Coahuila, la misma camioneta, que era perseguida por los militares, chocó con otros cuatro automóviles. De acuerdo con el Servicio de Información Oportuna del gobierno de Tamaulipas, los ocupantes de este vehículo lograron huir a pie de ese lugar, por lo que los militares iniciaron un patrullaje en esa zona en su búsqueda.
Proceso13/04/2010

viernes, 26 de febrero de 2010

Cuatro enfrentamientos entre el Ejército y sicarios en Tamaulipas; once muertos

La redacción

MÉXICO, D.F., 25 de febrero (apro).- La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) informó que en las últimas horas se registaron enfrentamientos entre militares y presuntos sicarios en cuatro puntos de la frontera de Tamaulipas con Estados Unidos que dejaron un saldo de 11 muertos, uno de ellos militar.
En dos comunicados de prensa difundidos hoy, la Sedena da cuenta de los enfrentamientos. Primero informó de ataques contra el Ejército en Ciudad Mier, Miguel Alemán y Valadeces ocurridos hace dos días, en los que fallecieron seis delincuentes y un soldado, además de 11 militares heridos, 10 de los cuales son elementos de tropa y un oficial. En el segundo boletín, reportó otro enfrentamiento sucedido hoy en Reynosa con saldo de cuatro sicarios fallecidos.
Como saldo de las refriegas del martes, el Ejército decomisó 29 armas de fuego, 14 vehículos y más de mil 724 cartuchos de diferentes calibres.
A través de la comandancia de la Octava Zona Militar, con sede en Reynosa, la Sedena detalló que el personal castrense fue objeto de múltiples agresiones con arma de fuego, luego de detectar que varias personas se transportaban armadas en diferentes vehículos.
La dependencia precisó que el personal militar realizaba patrullajes en el marco de la campaña permanente contra el narcotráfico, en dichos municipios fronterizos, cuando fueron sorprendidos por un grupo de personas que dispararon con arma de fuego.
Tras los enfrentamientos se logró el decomiso de 14 vehículos de diferentes características, dos de ellos blindados. La comandancia de la Octava Zona Militar informó que también se logró el aseguramiento de 29 armas de fuego, de las cuales 14 eran largas y 15 cortas, así como mil 724 cartuchos, 88 cargadores, 10 granadas de fragmentación y dos cascos tipo kevlar.
Los vehículos, armas, municiones, cargadores, granadas y accesorios fueron puestos a disposición del agente del Ministerio Público Federal, a fin de que inicie las investigaciones correspondientes y se deslinden responsabilidades conforme a la ley.
Mas tarde, en otro comunicado, la Sedena informó que cuatro sicarios murieron durante un enfrentamiento contra miembros del Ejército Mexicano ocurrido en una carretera que comunica a las ciudades de Valle Hermoso y Reynosa.
La Sedena detalló que la balacera se registró a las 9:20 horas de este jueves en la carretera estatal 99 que comunica a Valle Hermoso con Reynosa.
De acuerdo con el comunicado oficial, los sicarios, que viajaban a bordo de tres vehículos de modelo reciente, al ver que se acercaba una patrulla del Ejército Mexicano dispararon contra los militares, quienes repelieron la agresión.
El enfrentamiento dejó un saldo de cuatro pistoleros muertos, una camioneta asegurada con reporte de robo, así como diversas armas de grueso calibre: un fusil calibre 7.62x39 milímetros, conocido como “cuerno de chivo”; 2 fusiles AR-15 calibre 223; un fusil calibre 5.56; más de 700 cartuchos útiles y 27 cargadores.
Los militares realizaban un recorrido como parte de la campaña permanente contra el narcotráfico y la aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, detalló la Secretaría. El vehículo, así como el arsenal fueron puestos a disposición del agente del Ministerio Público Federal.

Proceso26/02/2010

jueves, 5 de marzo de 2009

La Narcoguerra / V

El cártel del Golfo introduce por la frontera 37% de armas del crimen organizado

*Un pacto entre comandantes regresó la paz a Nuevo Laredo

*Logramos cambiar la percepción de que el narco controlaba todo, señalan autoridades

*Los jefes entendieron que incendiar la plaza afectaba sus negocios, dice ex delincuente

*Considerada la ciudad más violenta del país en 2005, con 250 ejecuciones cada año, en la actualidad vive en aparente calma, pero los capos cobran cuotas a empresarios por dar vía libre a las mercancías que exportan a Estados Unidos, y derecho de piso a otros grupos por pasar cargamentos de droga. El anhelo de muchos niños y jóvenes es ingresar al cártel del Golfo, porque consideran que así podrán obtener poder y dinero



Nuevo Laredo, Tamps. Para no creerse. En 2005, esta era la ciudad más violenta de México. Anualmente se registraban, en promedio, 250 ejecuciones, y cada día este paso fronterizo añadía más crímenes, asesinatos y enfrentamientos armados a su triste fama.

Sin embargo, en la actualidad todo está en aparente calma: la gente se ve tranquila, ha vuelto el vertiginoso tránsito comercial a sus calles y puentes fronterizos, y la nota roja ya no es la principal de los periódicos. Por el contrario, muchos siguen presumiendo la visita que hizo a esta localidad, hace unos meses, el escritor y premio Nobel Gabriel García Márquez.

¿Qué ocurrió? La versión de las autoridades locales señala que, de entrada, han logrado cambiar la “percepción social de que el narco lo controlaba todo, que los delincuentes se movían a sus anchas por toda la ciudad en grandes y lujosas camionetas, fuertemente armados, y que asesinaban a plena luz del día, además de que tenían bajo su control prácticamente a toda la policía local”.

Esa es la explicación oficial. Pero apenas al arribar vía terrestre a Nuevo Laredo, la presencia y cultura del narcotráfico son totalmente perceptibles. En la entrada a la ciudad, donde cruzan las carreteras que van a Reynosa y Monterrey, han sido levantados unos 20 mausoleos para venerar a la Santa Muerte y al santo Chuy Malverde. Y hay otros tantos en construcción. Todos compiten en diseño, tamaño y decorado. Los custodian hombres a pie y en camionetas –presumiblemente armados– para alejar a los intrusos. Y no hay autoridad civil o religiosa que regule estas obras.

Nuevo Laredo es llamada la puerta comercial de América. Y lo es, en efecto, pero no sólo para el paso de mercancía facturada. De acuerdo con informes militares, el cártel del Golfo utiliza este cruce fronterizo para introducir 37 por ciento de las armas que utiliza todo el crimen organizado desde México hasta Centroamérica.

Asimismo, y de acuerdo con esos reportes, “los empresarios que envían por aquí sus mercancías a Estados Unidos pagan cuotas a esa organización para que sus productos tengan vía libre; la banda cobra derecho de piso a integrantes de otros cárteles por pasar sus cargamentos de mariguana, heroína, cocaína y precursores químicos a Estados Unidos, así como el dinero en efectivo que se transporta en tráileres”.

La pregunta se repite. ¿Qué ocurrió aquí en tan poco tiempo para que, aparentemente, todo esté en calma?

Más allá de discursos autocelebratorios, las autoridades locales no aportan datos concretos que expliquen esta nueva atmósfera social en Nuevo Laredo.

Pero Genaro, ligado familiarmente a José Dionisio García, El Chacho, capo del narco durante la década de los 80, tiene una respuesta: Los comandantes (como llaman a los jefes del narcotráfico en los municipios de la frontera tamaulipeca) fueron cambiados en años recientes. Pactaron. Ahora son más serenos, menos violentos, y han entendido que incendiar la plaza también afecta sus negocios.

Este hombre asegura que habla con conocimiento de causa. El cadáver de El Chacho fue encontrado en mayo de 2002 en el municipio de Río Bravo –ciudad vecina a Reynosa–, con el tiro de gracia, supuestamente por haber traicionado al ya para entonces líder del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén.

Genaro dice haber trabajado en el negocio del narcotráfico con su pariente, pero asegura que hoy está retirado y maneja un local de perfumería en el centro de la ciudad.

Amplía su explicación: “Hace tres años, Nuevo Laredo parecía un pueblo en desgracia y muchos comercios cerraron. La violencia estaba presente en todas las calles y los narcos se fueron a vivir a la zona donde sólo habitaba la gente rica. Los parques estaban vacíos, nadie salía en las noches. Los policías cuidaban a los sicarios y los jefes se disputaban la plaza a tiros, incluso frente a la presidencia municipal. Eso ha cambiado y ya hasta se ofrecen conciertos con orquestas en la Plaza Juárez, hay mujeres con sus hijos jugando en los parques y los negocios han vuelto a abrir.”
Su versión coincide con la de mucha otra gente de aquí. Podría decirse que en esta ciudad se respira un aire muy distinto –relajado y apacible– al de Reynosa y Matamoros.

Los regiomontanos, tan asiduos a las compras, y a quienes esta frontera les queda a dos horas de camino, han vuelto. Por ahora ya no viajan a Reynosa para pasar a Mc Allen, Texas, ahuyentados por la violencia que con toda su crudeza y cauda de muerte se ha trasladado a esa ciudad.

Con una población de 600 mil habitantes, Nuevo Laredo –que colinda con Laredo, Texas– es considerada una ciudad dormitorio: 47 por ciento de los pobladores trabajan del otro lado. Pero tanto en Estados Unidos como acá, en México, la crisis económica ha empezado a calar fuerte.

A lo largo de toda la frontera de Tamaulipas, hasta el pasado 15 de febrero, se tenía el reporte de la pérdida de 24 mil empleos, la mayoría en la industria maquiladora y en empresas instaladas en los municipios de Matamoros, Reynosa, Valle Hermoso, Nuevo Laredo, Río Bravo y Ciudad Victoria.

Durante seis días La Jornada recorrió los municipios de esta frontera. En enero de 2006 se aplicó en toda la entidad el llamado Operativo Conjunto Tamaulipas-Nuevo León contra el crimen organizado, con la participación del Ejército, la Policía Federal Preventiva y la Agencia Federal de Investigación.

Sin embargo, al circular por la carretera que va de Matamoros a Nuevo Laredo no se encontró un solo retén militar ni un puesto de vigilancia policial.

En cambio, sí fue posible observar, a plena luz del día, en Guardados de Abajo –pueblo ubicado entre Miguel Alemán y Reynosa– cómo tres hombres descargaban, afuera de una casa y a toda prisa, una camioneta repleta de paquetes envueltos en plástico negro, del tamaño de un ladrillo (aparentemente de mariguana o cocaína), sin que nadie pareciera percatarse de la maniobra. Esto ocurrió a pesar de que a escasos 500 metros de ahí fue detenido, en abril de 2001, Gilberto García Mena, El June, un importante ex operador del cártel del Golfo.

La misma pregunta se hizo a mucha gente de Nuevo Laredo. ¿Qué ocurrió aquí? Pero Ramón Garza Barrios, presidente municipal priísta, sostiene que no le gusta hablar del proceso que empleó para transformar la policía local en un cuerpo confiable. Con todo, no le queda más que aceptar: Sería utópico pensar que se acabó la corrupción, pero trabajamos para que sea la menos posible.

Imbuidos por ese mismo optimismo, el regidor Feliciano Vera y el secretario de desarrollo económico municipal, Antonio Chapa Garza, aseguran que si bien Nuevo Laredo tuvo hasta hace dos años una mala imagen, es preciso aclarar que los crímenes eran entre quienes estaban involucrados en esos negocios. Hoy se pretende crear la región Laredo, vender a los empresarios los dos Laredos, esto es, convencerlos de que pueden invertir aquí, mientras sus familias viven en el otro lado.

Muy distinto es el panorama que muestran los informes del gobierno federal sobre los efectos que ha provocado una sociedad penetrada por el narcotráfico. “El ciento por ciento de los alumnos, desde quinto de primaria hasta nivel profesional, conocen que el cártel del Golfo es la organización líder en todo el estado, y 40 por ciento de los niños de entre 7 y 16 años de edad, sobre todo de escuelas públicas, han pensado en formar parte de ese grupo como forma para obtener poder y dinero de forma rápida”.

Entonces, ¿cómo no agradecer y seguir hablando todavía hasta hoy de la visita de Gabo a Nuevo Laredo, en septiembre de 2008, para inaugurar el museo y sala de lectura Estación Palabra, en lo que fuera la antigua terminal del ferrocarril?

miércoles, 4 de marzo de 2009

La narcoguerra/ IV

La sociedad tiene miedo ante la delicuencia y nadie se atreve a denunciar

En Matamoros damos muy buenos narcos; controlan todo

Las familias empezaron a descomponerse desde 1970; cuando llegaron las empresas maquiladoras las madres se fueron a trabajar a las fábricas y los hijos quedaron solos.

En la ciudad operan 127 maquiladoras que dan empleo a más de 53 mil personas. Pero en el sector servicios y en los negocios que se dedican a exportar e importar mercancías, se lava 30 por ciento de los ingresos del cártel del Golfo


Gustavo Castillo García

Enviado/La Jornada

Matamoros, Tamps. “Aquí nos dedicamos a dar buenos narcotraficantes, ¡y muy buenos! Esa es la verdad. Los de Sinaloa pueden parecer lo mismo; a lo mejor siguen siendo narcos puros, pero aquí ya es otra línea: controlan todo. ¿La sociedad?, está desmadrada totalmente. Está muy cabrón que una voz se acerque a los tiras y les diga algo. La raza tiene miedo. Ustedes mismos, los periodistas, si tocan un nervio, se los empinan antes de que salgan de Matamoros. Eso no es miedo, es la verdad”, lanza de un tirón Enrique, un sesentón que, asegura, ha conocido a jefes, jefes del narcotráfico en esta frontera, como Juan García Ábrego y Osiel Cárdenas.

Asegura que también tiene contacto con el actual comandante de la región, aunque hay uno que es nacional, y a ese se le respeta donde quiera.

El rostro bonachón y de aparente tranquilidad que se mira bajo el sombrero texano se contradice con el lenguaje de su cuerpo. Las manos de don Enrique van y vienen a su cintura, como si trajera un arma encajada; voltea en forma insistente hacia todos lados mientras suelta información en el único sitio donde accedió a hablar, el estacionamiento de un centro comercial.

Las paredes oyen

Porque en Matamoros, más que en ningún otro lugar de la frontera tamaulipeca, las paredes oyen, pero también lo hacen las banquetas, las mesas de café, los taxis, los vestíbulos de los hoteles, en fin, todo mundo y en todos lados puede delatar.
Por eso, este norteño que se presentó a sí mismo como empresario, sin especificar en qué actividad, guarda todo género de precauciones: Aquí las cosas han cambiado mucho; antes sabías por qué te iban a chingar, y si te escondías en las faldas de tu mujer y junto a hijos hasta te la perdonaban. Pero se rompió el código de honor que tenían los bandidos. Se han ido terminando esos valores.

En Matamoros habitan 550 mil personas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), aunque la población flotante se calcula en 250 mil más. Estudios gubernamentales estiman que 43 por ciento de sus pobladores viven en situación de elevada pobreza, lo que explica el enquistamiento de la delincuencia organizada.

Miguel, quien pidió no publicar su apellido y es uno de los muchos empleados públicos que por seguridad duermen en Brownsville, Texas –población vecina ubicada en Estados Unidos–, sostiene que la problemática empieza porque a las ciudades fronterizas se las chingaron las maquiladoras. Las familias se han ido descomponiendo desde los años 70, cuando las madres se fueron a trabajar a las fábricas y sus hijos tuvieron que irse solos a la primaria, a la secundaria, a cualquier parte.

Aquí en Matamoros, delincuencia y juventud son vistos como una sola cosa. “Los jóvenes ven esto (el narcotráfico) como un hobby, como algo natural, porque a lo mejor todos tenemos un pariente o un amigo que está metido. Los güercos dicen: ‘veo al hermano de mi amigo que le está yendo a toda madre, y yo, por qué no’”, explica a su vez Efraín Hernández, representante del Instituto Tamaulipeco de la Juventud en Matamoros.

En esta población, camionetas y vehículos de lujo y otras unidades de uso que se adquieren en Estados Unidos desde mil dólares llenan durante el día las dañadas avenidas en las que sobresalen los centros comerciales.

El promedio de edad de la población es de 24 años (51 por ciento son mujeres) y escasos los centros de diversión y cultura. Uno de los puntos de mayor concurrencia son las pulgas, mercados en los que se adquieren artículos electrónicos y ropa de segunda mano.

Matamoros basa su actividad económica legal en la inversión directa. Operan 127 empresas maquiladoras que dan empleo a más de 53 mil personas.

Sin embargo, reportes gubernamentales refieren que en el llamado sector servicios, así como en los negocios relacionados con la importación y exportación de mercancías, se lava 30 por ciento de los recursos que obtiene el cártel del Golfo.

Los mismos informes, de los cuales La Jornada posee copias, precisan: El 70 por ciento de la población respalda, protege y alienta de distintas maneras la industria del narcotráfico. Se calcula que al menos mil viviendas, de las 116 mil que hay, son utilizadas como bodegas o casas de seguridad para guardar armas, cuidar secuestrados o migrantes.

En esta ciudad, nada ni nadie escapa a los ojos del cártel. Reportes de inteligencia militar consignan que taxistas, meseros, taqueros, empleados de hoteles y sus propios gavilanes o halcones, como nombran a sus vigías, cuidan de Tampico hasta Laredo y no dejan que otras aves aniden en sus lugares, que defienden con su sangre cuando alguien quiere ganarles.

Así dice el corrido dedicado a Osiel Cárdenas, poderoso ex líder del cártel del Golfo –hoy preso en Estados Unidos–, que cantaba Beto Quintanilla, fallecido en marzo de 2007, aparentemente de muerte natural, aunque todo mundo especula que lo asesinaron en revancha por el ajusticiamiento, en Reynosa, del cantante sinaloense Valentín Elizalde, en noviembre de 2006.
En esta ciudad ocurren homicidios de los que nadie debe dar cuenta. Periodistas de la región aseguran que si publicas algo que no guste a los jefes, lo menos que te puede pasar es una tabliza de la que no te levantas en una semana.

Trabajas para mí, cabrón

Cuentan que hace poco un reportero escribió de narcotienditas y de inmediato lo mandó traer el jefe de la plaza. Como no acudió el día que lo convocaron, al siguiente lo interceptaron cuando iba a dejar a su hijo a la escuela. Lo llevaron ante el patrón, lo hincaron delante del niño.
El patrón le preguntó: ‘¿Para quién trabajas?’ En respuesta dio el nombre de un diario local. Los tablazos le llovieron. ‘¡Trabajas para mí, cabrón!’”, le gritó aquél.

Aquí aún no se olvida lo ocurrido en enero de hace cuatro años, cuando la guerra entre los cárteles del Golfo y de Sinaloa se libraba a todo lo largo de la frontera tamaulipeca. Una noche arribaron al hotel Ritz, ubicado en el centro, varias camionetas con hombres armados y la cara cubierta con pasamontañas.

Entraron al hotel, reunieron a 54 personas que habían llegado horas antes desde Chihuahua. Les exigieron identificarse y que explicaran los motivos de su viaje. Luego, de acuerdo con algunos testimonios, los desnudaron, los despojaron de sus documentos –incluidos pasaportes– y les ordenaron regresar a su tierra en los mismos autobuses. Ninguna autoridad informó del incidente.

El obispo de Matamoros, Faustino Armendáriz Jiménez, accede a hablar: Lo único que le queda hacer a nuestra población es resguardarse; lógicamente, no salimos en las noches, nos cuidamos de andar a deshoras, estamos lo menos posible en las calles.

En Matamoros hay, sin embargo, quienes en un rapto de cinismo sincero, asumen: “Nosotros no tenemos problemas. No hay broncas; esas se dan en otras partes, donde hay diferencias entre los grupos y al final se impone uno. Pero aquí no hay tanta violencia. Si tú ya sabes las reglas del juego, pues las acatas. Y a los que matan es por jotos, porque se le descompuso la voz al pelado. Pa’ qué busca uno; todo el mundo sabe jugar y todo mundo se hace pendejo.”

El obispo Armendáriz Jiménez, entrevistado al término de la misa dominical, pregunta si la grabadora ya está apagada. Y sólo entonces se sincera: “Aquí nadie habla nada de eso. Los periodistas que vienen de otros lados también deben tener cuidado. Si los detectan, en una de esas hasta los levantan y los desaparecen. No pregunte a nadie que no conozca, no confíe.

“Lo más que puedo hacer por usted es pedir que lo acompañe y lo proteja el Santo Niño de Atocha. Si no tiene nada que hacer por aquí, mejor regrésese…”