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lunes, 7 de diciembre de 2009

El presidente guerrillero

DE LA 'CHACRA' AL GOBIERNO DE URUGUAY

Pasados ya los años de presidio y tortura, José Mujica, el nuevo jefe del Estado uruguayo, es uno de los casos más representativos de éxito de la nueva izquierda latinoamericana

SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ 06/12/2009


Muchos argentinos contemplan a su vecino Uruguay con una cierta envidia. "¡Un país en el que los sindicalistas no son ricos!", ironiza en televisión el periodista Pepe Eliaschev. "¡Un país en el que la izquierda ha sido capaz de formar un Frente Amplio y gobernar unida y razonablemente!", comenta el gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner. "Si yo tuviera 15 años menos, me voy para Argentina y me pongo a hacer política", aseguró el nuevo presidente uruguayo, José Mujica, durante la campaña electoral. "Allí son totalmente irracionales. (...) Tienen reacciones de histérico, de loco. El problema es político", añadió. Y casi nadie se enfadó en Argentina porque miran al pequeño Uruguay y se asombran de su estabilidad y de su sensatez y porque adoran a Mujica. "Yo dije un día a los argentinos que tenían que quererse más, y a partir de ahí soy Dios en la Argentina", bromea Mujica.

"Yo soy de los que se equivocan. Meto la pata por excesivamente sincero. ¡Pero no tengo precio!". El Pepe, como llaman afectuosamente a Mujica muchos uruguayos, no tiene precio, efectivamente, en ninguno de los sentidos de la expresión. Es, fuera de toda duda, un hombre honrado. Y también, un personaje inusitado, no sólo por las cosas extraordinarias que ocurrieron en su complicada vida, sino por la increíble capacidad que tiene para mantener una imagen de sencillez. Sus críticos le reprochan una frase que repite con alguna frecuencia: "Como digo una cosa, digo la otra", pero Mujica no cree que represente incoherencia, sino voluntad de negociar, de llegar a acuerdos que permitan avances estratégicos para Uruguay. Y promete que su presidencia se caracterizará precisamente por "negociar, negociar y negociar. Hasta que resulte insoportable".

"Estoy tomando dos cursos: uno para aprender a callarme un poco más la boca, porque ahora tengo otras responsabilidades políticas; Y otro, intensivo, para no ser tan nabo (ingenuo). Parece increíble que a estas alturas me agarre un periodista y me tenga hablando durante 28 horas", dijo, a raíz del escándalo provocado por la publicación de un libro en el que arremetía contra todo el mundo.

El Pepe es capaz, efectivamente, de hablar durante 28 horas sobre lo divino y lo humano y de hacerlo, además, con su extenso vocabulario de tacos y con su aguda e independiente mirada. Pero José Mujica, de 74 años, es cualquier cosa menos un nabo. Más bien es uno de los casos más representativos del éxito de la nueva izquierda latinoamericana, que pasó de defender sus objetivos con las armas a considerar que de las revoluciones de los años sesenta y setenta "no quedó ni la ceniza" y que los programas de lucha contra la desigualdad pueden ser compatibles con el respeto a las reglas básicas del mercado y de la democracia. En definitiva, que el gradualismo también puede ser de izquierda.

El mayor símbolo en toda América Latina de esa nueva izquierda es el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, pero Mujica significa todavía algo más, porque Lula fue un sindicalista, que peleó con huelgas y manifestaciones, y el uruguayo, un guerrillero tupamaro, que defendió la lucha armada y que, con un fusil en la mano, secuestró y combatió a la Policía y al Ejército no sólo durante la dictadura, sino también, al principio, durante la democracia.

Mujica pagó muy caro. Estuvo once años en la cárcel. Dos, directamente enterrado en una especie de pozo, con muy poca movilidad. Siete años sin leer nada. Fue uno del llamado "grupo de los rehenes", nueve dirigentes tupamaros que el Ejército uruguayo amenazaba con fusilar en cuanto se produjera algún acto que amenazara la seguridad de la dictadura.

Otro de esos rehenes, Mauricio Rosencof, contó en un libro su alegría cuando consiguió comunicarse, gracias a una especie de morse propio, con un colega al otro lado del muro. La primera palabra entera que le hizo llegar fue: "Felicidades". Recordaba que era Navidad. Mujica, como Rosencof, pertenece a ese formidable tipo de personas que es capaz de conservar el sentido del humor y la capacidad de dialogar en condiciones infrahumanas.

"Durante aquellos dos años en el pozo, descubrí que las hormigas gritan: basta con acercarlas al oído para comprobarlo", relató Mujica en una famosa entrevista que concedió al poco de salir de la cárcel, en 1985. Pero los propios soldados encargados de la custodia no eran capaces de soportar ese tratamiento y, poco a poco, empezaron a intercambiar unas palabras con los detenidos y, algo más adelante, incluso a pedirles que les escribieran cartas para sus enamoradas.

"Nosotros tuvimos una experiencia que no buscamos ni planeamos. No podemos vivir esclavizados por las cuentas pendientes de la vida. Yo tengo memoria y recuerdos, pero una cosa está bien clara: es importante mirar el pasado, pero también es necesario perderle el respeto", explicó en una entrevista con el periodista brasileño Marco Aurelio Weissheimer. "La vida es porvenir", insistió.

A la llegada de la democracia, con ahorros familiares y de su compañera de toda la vida, Lucía Topolansky, que también fue tupamara y también estuvo encarcelada, Mujica se compró una pequeña chacra (granja) a 20 minutos de Montevideo. Allí vive la pareja y allí quiere seguir viviendo, incluso durante la presidencia, porque su mayor alegría es cultivar flores, plantar verduras y fabricar un vino casero con las uvas de sus parras. Pese a sus 74 años, Mujica mantiene la granja en producción y no es extraño encontrarle subido a un tractor, con ropa de faena, con una de sus dos perras (Victoria y Manuela) en el regazo. Manuela se metió un día entre el tractor y perdió una pata. Ahora está casi todo el tiempo encima de uno de sus amos. La chacra es muy importante, asegura Mujica. "No soy ningún tarado. Cuando acabe mi etapa política, llegará el momento de dejar de ser figura pública. Yo admiro al general Giap y a Moshe Dayan, que se borraron y se fueron a vivir a aldeas perdidas", explicó en la campaña electoral.

Es precisamente ese aspecto algo desaliñado de Mujica lo que más irrita a algunos sectores de la sociedad uruguaya, que le reprochan "no vestir el cargo". Claro que la acusación básica contra Mujica es la posible existencia de una agenda autoritaria, que el nuevo presidente ha desmentido una y otra vez. Hay quienes le reprochan no haber condenado explícitamente la violencia de los tupamaros, lo que es verdad, pero siempre ha dicho que, a su juicio, lo único que ha quedado de la izquierda no ha sido su lucha armada ni la imposición del Estado sobre todas las cosas, sino el fenómeno socialdemócrata. "Yo le digo a Hugo Chávez: mirá que vos no vas a construir ningún socialismo con eso. Lo que va a quedar a favor acá, en Uruguay, es que van a tener mejor casa, van a comer más y va a ser una reforma decente". Para Mujica, el mayor peligro de la izquierda es que "tiene la mala costumbre de perder de vista ese pensamiento estratégico".

Abrazado y zarandeado por sus seguidores, El Pepe se lamenta de que un exceso de cariño también le puede matar. "Yo aguanto por temperamento. Los buenos matungos (pencos) un día se mueren con los arreos puestos...", comentó cuando fue elegido senador.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Pepe Mujica, ex guerrillero tupamaro, gana elección presidencial de Uruguay

En discurso breve y conciliatorio llama a mantener las diferencias “con responsabilidad”

*Dice a La Jornada que uno de sus retos es incorporar a los que hoy están fuera de la sociedad
*Recuerda que los gobiernos son transitorios y que el poder “está en el corazón de las masas”


Stella Calloni
Enviada
Periódico La JornadaLunes 30 de noviembre de 2009, p. 20
Montevideo, 29 de noviembre. Una multitud festejó en la calle bajo una inclemente lluvia el triunfo del candidato del izquierdista Frente Amplio (FA), el ex guerrillero tupamaro José Pepe Mujica, quien ganó hoy en segunda vuelta a la alianza de los partidos Nacional (Blanco) y Colorado, que hasta 2004 gobernaron este país en un tradicional bipartidismo que parece quedar definitivamente atrás.
La fórmula Mujica-Danilo Astori, ex ministro de Economía del saliente gobierno frenteamplista de Tabaré Vázquez, obtenía más de 51 por ciento de los votos, según resultados oficiales, sobre 44 por ciento del ex presidente conservador Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga, del Partido Blanco, apoyado por los colorados, que en la elección del pasado 25 de octubre se ubicaron en tercer lugar.
Mujica llegó al hotel NH, donde se estableció el comando frenteamplista, a media tarde, y poco después de las 20 horas locales, cuando ya los primeros resultados mostraban que el triunfo era irreversible, entró a un salón donde estaban diplomáticos, amigos, funcionarios y políticos de países vecinos, y anunció el triunfo.
Ovación en La Rambla
Una ovación estremeció la avenida de La Rambla montevideana cuando la multitud que se había congregado frente al hotel escuchó por los altoparlantes los resultados electorales. Poco después llegó el presidente Vázquez, quien se fundió en un abrazo con Mujica y Astori, con quienes posó para la foto histórica.
El presidente electo salió a saludar a sus seguidores desde un escenario preparado frente al hotel y dijo emocionado que “en el estrado tendrías que estar vos (el pueblo), y yo abajo aplaudiéndote”.
Recordó que los gobiernos son transitorios y que el poder “está en el corazón de las grandes masas”. Agradeció a Vázquez, al considerar que su gestión, aprobada mayoritariamente, había permitido este triunfo.
También saludó especialmente a sus contrincantes y fue muy conciliador en su discurso, agradeciendo el llamado que le hizo Lacalle, que reivindicó la “unidad nacional” al reconocer su derrota.
El ex fundador del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, que asumirá la presidencia el primero de marzo de marzo 2010 para un periodo de cinco años, pidió a sus seguidores que no se cometa el error de ofender a quienes eligieron otra opción. Su discurso fue breve y preciso porque en ese momento caía una lluvia torrencial.
“Lamentablemente se nos complicó todo por el tiempo”, dijo Mujica algo más tarde a La Jornada. Por esta razón, apresuraron el discurso, ya que se anunciaba una “alerta naranja” en el país, con posibilidad de fuertes tormentas.
Con aspecto cansado, pero visiblemente animado, Mujica, de 74 años, destacó nuevamente la necesidad de entender que tanto los que triunfaron como los que perdieron son uruguayos, y por eso extendía la mano e instaba a mantener las diferencias con responsabilidad.
Ratificó que su propuesta es honesta y sincera, como su disposición para el diálogo y la necesidad de llegar a acuerdos en favor del país. “Se necesita una unidad que nos contenga a todos, más allá de diversidades y diferencias. Los pueblos necesitan eso. Ojalá podamos hacer todo lo mejor en nombre del pueblo uruguayo”, dijo Mujica.
Una de las mayores preocupaciones que expresó a La Jornada es tener la capacidad e incorporar a los que hoy están fuera de la sociedad, como uno de sus primeros desafíos.
Para Mujica hay que rescatar lo mejor de los tiempos, cuando en Uruguay se repartía bien o mejor la riqueza, “lo que daba una fuerte estabilidad en una región inestable y en un continente que reparte mal. Debemos volver a esa justicia y ese camino fue ya abierto por el gobierno del presidente Vázquez. Hay mucho que hacer y mucho bien hecho”.
También destacó que había sido llamado por todos los presidentes de la región, en un momento en que es necesaria la unidad interna y la de América Latina.
El FA comenzó a mostrar su capacidad de gobierno desde sus primeros días en la alcaldía de esta capital en la década pasada, lo que fue reconocido mundialmente.
Ahora entra en su segundo periodo de gobierno de la mano de un hombre de lengua y vida sencilla, que después de una larga historia de lucha en que fue herido, varias veces preso y mantenido como virtual rehén de la dictadura (1973-1985) durante 13 años, de los que pasó aislado mucho tiempo, incluso en un pozo, salió para incorporarse a la política.
Mujica fue luego senador en 2004 y ministro de Cultura y Ganadería en el gobierno de Tabaré Vázquez. Como él mismo lo dice, todo esto fue “un aprendizaje duro y único” que le permite ahora “una mirada más abierta y abarcadora”.
En 1985 formó con otros compañeros el Movimiento de Participación Popular (MPP), con el que luego se integraría como una de las principales líneas del Frente. En las últimas internas del FA, fue la figura de consenso, y aunque no se proponía llegar a la presidencia, aceptó el reto de ir junto a Astori, economista y de otra línea frentista.
Entiende que después de este gobierno, que sale con apoyo tan fuerte, tendrá que pensar cada paso dado. Mientras Mujica recibía a las delegaciones políticas en el hotel, los simpatizantes del Frente continuaron festejando sin importar el viento huracanado, y eso sucedía en todas las calles.
La avenida 18 de Julio era una fiesta. Sonaban los tambores y miles de jóvenes bailaban en las calles mientras los automóviles hacía sonar sus bocinas.
Los festejos siguieron hasta pasada la media noche. Muchos repetían la frase que Mujica dijo al pueblo en la rambla: “Lo permanente sos vos, pueblo. El poder está en el corazón de las grandes masas. Me costó una vida aprenderlo.”
Lo cierto es que el triunfo del FA lo muestra como el gran partido uruguayo y eso se resalta aquí, porque para los partidos tradicionales se ha cerrado realmente una etapa en la vida política uruguaya. Por dos veces consecutivas, el FA ganó a los otros dos partidos que se sucedían una y otra vez y resultaban imbatibles. Esta noche los uruguayos sentían que “habían dado un ejemplo en América Latina”. No hubo agresiones ni incidentes graves. Durante los festejos se destacó que éste era el momento de América Latina, y que Uruguay marcaba un camino.