miércoles, 1 de febrero de 2017

En Mazatlán, una delgada línea azul separa la vida de la muerte

Delimitan zonas de riesgo en el puerto para proteger a turistas de la pugna entre cárteles

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Las autoridades de Mazatlán, Sinaloa, recomiendan a turistas nacionales y extranjeros seguir la ruta trazada en las principales calles y avenidas del puerto para mantenerse en zonas vigiladas por policíasFoto Javier Valdez
Javier Valdez Cárdenas
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 31 de enero de 2017, p. 26
Mazatlán, Sin.
Si es posible dividir el paraíso del infierno, las autoridades de Mazatlán lo hicieron con una línea azul: una raya en calles y avenidas de importantes sectores de este puerto que los turistas nacionales y extranjeros deben seguir si no quieren verse en peligro, incluso de muerte.
La línea empieza en el muelle, adonde llegan turistas de cruceros; atraviesa la calle Emilio Barragán, se adentra en el sector llamado Playa Sur (entre el muelle y el centro histórico), sigue por la avenida Carnaval, cruza el bulevar Miguel Alemán y termina en las escalinatas de la plaza Machado y el teatro Ángela Peralta.
Seguir o no esta raya en bicicleta, a pie, en taxi o en automóvil propio puede ser la diferencia entre quedar en medio de un tiroteo o disfrutar el sol mazatleco, el viento marino, una cerveza frente a la puesta del sol o un café en el viejo malecón.
Mazatlán se pudrió. Su violencia compite con la de Culiacán, capital del estado. En los primeros 30 días de este año se han cometido en Sinaloa por lo menos 106 asesinatos, 40 de ellos en el puerto de Mazatlán y el resto en Culiacán y otros municipios.
El gobierno de Quirino Ordaz Coppel empezó el último día de 2016 y los grupos del narcotráfico ya se hicieron notar. El comandante Juan Antonio Murillo, ex secretario de seguridad pública de Mazatlán y funcionario de la Procuraduría de Justicia del estado, fue herido a balazos y dos de sus tres escoltas murieron.
Otros dos agentes, entre ellos el supervisor operativo de la policía municipal de Culiacán, fueron secuestrados y el 27 de enero un comandante se enfrentó a tiros con un grupo de presuntos sicarios en la capital.
Mazatlán, otrora puerto seguro y apacible de habitantes que se levantan tarde y visten pantalones cortos y chanclas para trabajar, de borrachera temprana y bohemia eterna, está enfermo de inseguridad y violencia provocadas por el narcotráfico.
El cártel de los Beltrán Leyva –presuntamente en alianza con con células de cártel Jalisco Nueva Generación– lucha a muerte con el cártel de Sinaloa por el mercado de la droga en el sur del estado.
Hasta ocho asesinatos en un día
La incidencia delictiva en esa región ha aumentado desde 2016. Células de organizaciones rivales del cártel de Sinaloa ingresan por la frontera con Nayarit y operan desde Escuinapa, El Rosario, Concordia y Mazatlán, cuya serranía, en el norte del municipio, sirve de guarida para grupos armados.
De un lado, el infierno, las balas, la nada. Del otro, las patrullas, las operaciones policiacas, los servicios de guías y orientación. Todos lo saben, incluso los que ofrecen servicios y productos a turistas, sobre todo cruceros, que dejan más ganancias a la industria local y al comercio.
Los taxistas, propietarios y conductores de pulmonías (vehículos de alquiler descubiertos y sin ventanas, preferidos por los paseantes) y quienes ofrecen paseos en embarcaciones menores saben que hay que seguir la línea azul.
Igual hacen con la violencia. Se habla bajito para referirse a ella y no afectar al turismo. Ni se te ocurra ir a la Lázaro, dice un estudiante de la Universidad Autónoma de Sinaloa a otro que no es del puerto. La colonia Lázaro Cárdenas está a un par de kilómetros del centro y a tres o cuatro calles de la línea azul. Ahí hay drogas, armas, asaltos, robos, balaceras.
Fue como una lluvia de balas, aseguran vecinos a los reporteros en alusión a lo sucedido el 2 de diciembre de 2016, cuando un grupo armado atacó a vecinos de la Lázaro Cárdenas en la calle Teniente Azueta. Tres hombres murieron y uno fue herido cuando intentaba huir en una motocicleta. Este año ha habido hasta ocho homicidios en un día en Mazatlán.
Las operaciones policiacas han sido infructuosas. Con el nuevo gobierno estatal, cerca de mil 800 elementos de la Policía Militar están en los 18 municipios de la entidad y empezaron por Mazatlán. El 27 de enero capturaron a 14 hombres, la mayoría asaltantes, narcomenudistas, vándalos y pandilleros. Ni un solo pistolero de cualquiera de los dos bandos. Éstos, como los buenos boxeadores, entran, golpean y se van.
Calladitos. Los asesinatos se dicen en voz baja, para no afectar al turismo, cuenta una empleada de un restaurante cuando se le pregunta sobre la ola de homicidios nunca vista en Mazatlán, y menos en tan poco tiempo.
Un taxista afirma que es un problema entre la gente de la droga, pero lamentablemente está afectando a todos. Teme que de nuevo las compañías de cruceros pongan a Mazatlán en la lista negra y dejen de llegar turistas.
Desde que llegan al puerto, antes de bajar de los cruceros, a los paseantes se les advierte: sigan la línea. En el trayecto de la línea azul, los turistas se topan con agentes de las policías municipal y estatal preventiva, hasta llegar a la plaza o jardín principal, la catedral y el mercado.
Seguir la línea puede ser la diferencia. Desviarse de la raya azul pintada en la superficie de bulevares, en las aceras del malecón y en las calles significaría adentrarse en el patio trasero de esta ciudad, la segunda en importancia de Sinaloa, manchada de cadáveres y mensajes colocados sobre ellos, trastocada por los pasos infernales de gatilleros de ambos bandos.
Por eso, la línea azul la siguen taxistas, prestadores de servicios turísticos y paseantes. Hay que seguirla para mantenerse apartado del infierno que colinda con el precario y herido paraíso mazatleco.