martes, 11 de diciembre de 2007

Tiovivo. Guillermo Anaya; compadre presidencial bajo sospecha

“Cuando un día pasa, deja de existir. ¿Que queda de él? Nada más que una historia.
Si las historias no fueran contadas, o los libros no fueran escritos, el hombre viviría como los animales: sin pasado ni futuro, en un presente ciego”.


Isaac Bashevis Singer

Juan Monrreal López
Diciembre 11 de 2007


Como en los tiempos rancios del PRI, cuando el gobierno y el partido eran uno sólo; ahora los panistas se aprestan a repetir ese viejo esquema, que si antes era parodia, ahora suena a tragedia. Más aún, cuando bajo sospecha, se coloca al compadre de Felipe Calderón, a nivel de la Secretaría general del PAN, el senador, Guillermo “Memo” Anaya Llamas, un personaje a quien de distintos modos se le ha vinculado con el narcotráfico

De manera que idéntico a los momentos del PRI-gobierno, ahora en el ciclo de Felipe Calderón Hinojosa (FECALHINO), los compadrazgos siguen valiendo en la política, y, mucho.

No hay que preguntarle a Memo Anaya Llamas, uno de los compadres de pila de Felipe Calderón, si esto es así. Correligionarios de ambiciones, no dudaron en llevar sus codicias políticas hasta las pilas bautismales el 23 de septiembre de 2006. La infanta del senador, María Teresa Anaya Aguirre, fue cargada en los brazos del presidente jurídico de México, para recibir las aguas sacramentales.

Allí en la de la iglesia de La Encarnación, ubicada en la colonia Campestre La Rosita de Torreón, Coahuila, el vulgar pacto político entre estos personajes, se bendijo al calor del compromiso bautismal.

Nada diferente a los capos, quienes sellan contratos, – cumplidos o por cumplir-, a través del padrinazgo. De la fiesta. De la familia.

Por esos vínculos, Memo Anaya, ha llegado a la Secretaría general del PAN, trampolín que de manera decisiva le permitirá rozar el camino hacia la candidatura de los blanquiazules para buscar la gubernatura de Coahuila, en el 2011; año en que su compadre-presidente, se encuentre en el cenit del poder, puesto que las campañas se desarrollarán desde el 2010.

Si los panistas toleran o no, la imposición de Anaya Llamas en la Secretaría general, ese es su cuento, en cambio, debe preocuparnos que pese a los señalamientos de los presuntos nexos de Memo Anaya, con los jefes de los narcotraficantes de la plaza de la Laguna, FECALHINO, campante, ordene desde Los Pinos, que el primer compadre convenido siendo presidente electo, sea encaramado al segundo puesto de dirección del partido blanquiazul.

Y es que al margen de los desplantes de Humberto Moreira Valdés, gobernador de Coahuila, al incriminar a Memo Anaya de narcotraficante; el periodista Ricardo Ravelo, ha revelado puntualmente nexos que relacionan al senador Anaya Llamas, con las familias más poderosas del narcotráfico en La Laguna y del norte de México.

En cualquier país que se precie de democrático, lo anterior hubiera sido suficiente para que sobrevinieran serias investigaciones al respecto, pero en el nuestro, donde la democracia se negocia con pactos entre pandillas acuarteladas en los partidos políticos, o, se solventa con disculpas en los oscuros pasillos de los palacios en que se encuentran atrincherados los delincuentes del momento, - los que delinquen usando el poder constitucional -, tal como aconteció con los aspavientos desatados por le boquiflojo Humberto Moreira Valdés; quien finalmente reculó ante las presiones del senado y el poder del primer compadre de México, el señor Calderón, ofreciendo disculpas privadas al ahora Secretario general blanquiazul.

Impuesto pues, como en los tiempos del PRI, por la línea del compadrazgo, Memo Anaya, negó que el vínculo fuese el motivo central de su designación como segundo mandón de los paneques. “Las cosas afectivas y familiares no tienen nada que ver aquí”, dijo ante los micrófonos que lo entrevistaban.

El sumario es que, “haiga sido como haiga sido (compadre Calderón, dixit)”, el nombramiento de Guillermo Anaya, ya generó preocupación en Coahuila, tanto al interior del PAN, como en las huestes moreiristas, quienes quieren colocar a Rubén Moreira Valdés, - en un símil argentino-, como sucesor de Humberto.

Por eso, no es de extrañar que desde el domingo 9 de diciembre y lunes 10, los teléfonos celulares sonaran con mensajes que anuncian que; “Rubén Moreira, encabeza las encuestas para el gobierno de Coahuila, con el 63.7 por ciento de preferencia”, e incluso que medios impresos y electrónicos, anteriormente antimoreiristas, difundan que el big brother Rubén Moreira Valdés, encabeza las predilecciones de los coahuilenses.

En el caso del PAN, los primeros damnificados del huracán compadre Calderón, fueron las huestes de José Ángel Pérez Hernández, alcalde de Torreón, Coahuila, junto con su asesor de cabecera, Jorge Hernández Guerra. Ambos tartamudearon ante las grabadoras que les pusieron enfrente, para registrar sus respuestas acerca de la nominación de Memo Anaya.

Pérez Hernández al igual que Hernández Guerra, estructuraron su relación de convenios con los medios de comunicación, a partir de “putear a Memo Anaya (Hernández Guerra, dixit)”, por lo que el alcalde se encuentra nervioso, ya que novato en la política, compró la idea a Hernández Guerra, de ser el próximo gobernador del estado, por la vía fácil y corta.

Por lo pronto, el perfil de Anaya Llamas, llena perfectamente el rasgo del nuevo blanquizul al servicio de Felipe Calderón; no sólo por sus lazos afectivos, responde a la línea de someter cualquier desavenencia por la vía del autoritarismo, “vamos a operar las diferencias para que no lleguen al Tribunal Electoral”, encaminado a levantar un partido a la medida del autollamado hijo desobediente. “Este es su partido, presidente Calderón, (Germán Martínez, dixit)”, una actitud igual o peor que en los tiempos del PRI, cuando eran gobierno-partido y algunos dueños de medios soldados del PRI.

Nada ha cambiado, pues.

Por lo pronto, las historias anayistas, apenas empiezan. Veamos que final tienen.